me avisaron,
me dijeron que tuviera cuidado
y que no hiciera lo que la gente quisiera.
Estamos en 2016,
sólo tengo dieciocho años
y me parece mentira
que de culo vaya el planeta.
Miro a mi alrededor
y sólo veo pantallas,
marcas, y cosas inútiles y caras
que controlan nuestro alma.
De dichas cosas caras
se alimentan los que más tienen,
no los que menos necesitan,
los que nos miran cara a cara.
La felicidad ya no está en el parque,
en salir a pasarlo bien,
en los amigos,
o en esta sala.
La felicidad está en llegar al nivel 100,
en putear al de abajo,
en seguir rajando cuerpos
si así me haré millonario.
Nosotros mismos nos hacemos esclavos,
interiorizamos las decisiones de "la mayoría"
y seguimos en fila
a que nos corten las alas.
Permitimos que maten nuestro planeta,
que amemos la comida basura,
que maten nuestro organismo
y amemos nuestra fachada impura.
Nos controlan qué debemos hacer,
los lunes no puedes ser feliz.
Y una mierda,
me largo de aquí.
Lo consentimos,
y me da coraje,
que nos mientan en televisión
mientras fuera hacen barbaridades.
Un mundo en el que callan al que innova,
al que soluciona,
y sigue igual de mal
aunque cueste.
Estoy hasta las narices
de tener que aguantar el peso del asqueroso
que juega con dinero,
al que se la sudan nuestras cicatrices.
Y nos da igual que digan blanco
si lo mejor es negro,
porque vamos a seguir siendo ovejas
que no vean el puto cielo.
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