Te titulé
con el reflejo de ti mismo,
aunque sin un rayo de luz.
Te sujetaban dos enganches
que te pegaban a la pared,
no te podías mover.
Manchas difíciles de quitar en ti,
aunque muy frágiles para tratar,
me hiciste daño a mí.
Con cuerdas y ladridos al mirar,
tus ojos se perdían cada instante,
sin saber por qué girar.
Te abandoné,
me abandonaste,
te perdí al mínimo instante.
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