Me mencionaron sus palabras
y la posición de sus pies al caminar.
Me contaron que odiabas la primavera,
y quizás sólo fuese por su recuerdo.
Me decían que tus ojos
te podían llevar a un universo paralelo
y a la vez,
podía hundirte en la tierra
hasta quedarte encerrada.
Sus manos,
con un tacto tan dulce como el azúcar,
y a la vista,
tan agrietadas que daban asco.
Su sonrisa lo decía todo,
pero no contaba nunca nada.
Pero su poesía me dejó en mil pedazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario