lunes, 28 de abril de 2014

Dos y dieciocho

Tengo mucho que cambiar,
y ahora me doy cuenta,
mucho quiero ahora llorar,
por lo que me falta para llegar.

Acabo de recordar que,
¡coño!,tengo una vida
y soy alguien,
que tengo que mejorar
como un niño cuando empieza a hablar.

La triste historia
de la niña sin futuro,
Ana no era niña
cuando perdió el rumbo.

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