Ya no caminan
sus yemas sobre mi piel,
ni se desnuda su alma
cuando me ve amanecer.
Sus besos se largaron
como el calor de verano
y jamás volverán,
se quedarán allí sentados.
También se fueron las luces
se fundió el mundo,
llegaron las cruces
y nuestros cuerpos olvidados
se quedaron en ningún lado.
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