Tenebroso sudor
que cae por tu frente
y quizás aumente
en el último escalón.
Camina por el comedor
sin ningún temor,
hasta que encuentres rastro
del asesino perdido.
Acércate a río,
entre árboles y sombras.
Seguro que no pasarás frío
pero sentirás que te nombran.
Y vuelvo a sentirme muerto
como pies en el desierto
y sin saber lo mío.
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