Mañanas amenazantes,
tal vez,
noches de desastre.
En este instante,
no sé que hago en esta parte.
Te sientas en la silla,
te pones muy cómoda,
te miran
y te crees monilla.
Hoy llevas ropa que te encanta,
pisas muy fuerte.
Sin realmente conocerte,
pero admirable.
Todos te miran diferente,
o eso te crees,
te interesan esta vez,
pero ni les hablas.
Miras un árbol,
el infinito,
o más allá.
Ves que es todo distinto,
mejor quizás,
todo más llamativo
intentando resaltar.
Hasta que todo cambia,
lo verde vuelve a ser negro,
y lo que antes era bueno
ahora es dañino a tu cuerpo.
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