Fui capaz,
por una vez,
de decirte que no,
y allí me quedé,
sin querer sentir
lo que es no saber vivir.
Y aún te espero,
escribiendo sin esmero,
sin ganas de ningún juego
en el que sufrir sea lo primero.
Y como dice el Kanka:
''Yo que nunca supe llegar a mi hora,
hoy me quedé esperándote''.
Y a las cuatro y media de la tarde
de un día de desastre,
se cumplió esta frase.
Perfecta y preciosa, preciosa. Sin bromas, he sentido un escalofrío. Decir que no a quien sólo deseas sí o sí, es como firmar la propia muerte. Besitos.
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